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El Heroico Peregrinar de un Hombre

El Heroico Peregrinar de un Hombre

¿A qué es semejante el progreso, el arrojo y la valentía? ¿A qué se parecen las lágrimas de aflicción, el sudor del trabajo y la sangre del sacrificio? A un hombre que se descubre, se reinventa y comparte del elixir que conquista de su aventura; esto es, la recompensa digna de quien se atreva a adentrarse a lo desconocido.

En su libro El héroe de las mil caras, el mitólogo y escritor estadounidense Joseph Campbell, hace memoria de los personajes que se han descrito a lo largo de la historia de la humanidad y de cómo convergen en un mismo punto. Ulises aún vive entre nosotros, Yoshitsune y Benkei se dan cuenta de que en la actualidad hay alguien que los representa, Gilgamesh y Sansón miran, con poco menos que asombro, la misma tenacidad que él demostró manifestándose en las calles. Y es que, a palabras del mismo Campbell, todas las mitologías aluden a una misma cosa: la deseada y temida aventura del descubrimiento de uno mismo. Allí, el mundo conocido se desmorona, los muros caen y las verdades se hacen pedazos; todo se sumerge en tinieblas y se piensa que se ha tocado fondo. ¿No era esta la realidad que vivieron nuestros ancestros en aquella infame década de los cuarenta? Allí se alzaron los dragones y estos destruyeron hogares; allí invadieron los ogros y estos separaron familias. Muchos de los que arribaron a Venezuela por el Puerto La Guaira quizás llegaron bajo un pensamiento abatido, un espíritu agotado o una voluntad ciertamente emprendedora. Poco sabían del importante paso que habían dado al zarpar, Campbell lo llama la primera etapa: la llamada a la aventura, la convocatoria a traspasar el umbral hacia lo desconocido.

Apegándose a sus virtudes o fabricando las suyas desde cero, cada uno tomó su camino con la esperanza de ver cumplidos sus sueños en tierra venezolana; el campo agricultor sería la casa de algunos, las empresas básicas, las de otros y la albañilería no tardaría en alzarse como el arma predilecta de tantos. Así, fueron impulsados a superar horizontes familiares y viejos conceptos arraigados a su tierra natal, y a palabras del escritor: … habiendo respondido a su propia llamada y continuando con valentía a medida que se desarrollan los eventos, el héroe encuentra todas las fuerzas del inconsciente a su lado. La Madre Naturaleza misma apoya su poderosa tarea.

Una vez dado este primer paso, el camino a seguir es largo. La historia nos enseña cuan inestimable es la lucha que libraron nuestros antepasados, más aún la victoria y el legado que se deja entrever en las avenidas. Estos, a diferencia de los símbolos propios de las mitologías, fueron fabricados, hechos a partir de una resiliencia y visión que mana de una fuente de la que todos bebemos. La fuente es desconocida, pues se trata del misterio último, pero es una de la que todo emana. Una fuente creadora a la que todos estamos conectados., cita Campbell. ¿Qué nos queda a aquellos que disfrutamos del fruto y la cosecha? Dar a conocer esta heroicidad a una sociedad que aún duerme y no quiere despertar, ignorando una verdad que busca destruir el ego y la plástica realidad en la que vivimos. El nuestro es el papel del bardo que narra las peripecias de un hombre que se atrevió a mirarse a sí mismo.

Así, la frase es completada. El mundo conocido se desmorona, los muros caen y las verdades se hacen pedazos; todo se sumerge en tinieblas y se piensa que se ha tocado fondo, sin embargo; de él emerge … una reconstrucción de la vida más audaz, más limpia, más espaciosa y plenamente humana: ese es el atractivo, la promesa y el terror el reino psicológico que llevamos dentro. Era necesario, que un precio fuese pagado, que el mar fuese abierto, para que un remanente pasase en seco a su paraíso. Hoy, lo vemos y lo vivimos: los centros italianos en Venezuela, y las casas club de Italia son nuestro vellocino de oro, CAVENIT la valquiria durmiente en el regazo de los Sigfrido de este tiempo, el Hospital Italiano, nuestra pócima de la eterna juventud. Un muy importante camino se nos es trazado, fabricado con las habilidades y el esfuerzo de nuestros antepasados. Joseph Campbell también lo describe:

Ni siquiera tenemos que arriesgarnos solos a la aventura; porque los héroes de todos los tiempos nos han precedido; el laberinto es bien conocido; solo tenemos que seguir el hilo del camino del héroe. Y donde habíamos pensado encontrar una abominación, encontraremos un Dios; donde habíamos pensado matar a otro, nos mataremos a nosotros mismos; donde habíamos pensado viajar hacia el exterior, llegaremos al centro de nuestra propia existencia; donde pensábamos estar solos, estaremos con todo el mundo.

El camino ya está andado, únicamente nos queda seguir los pasos de nuestros padres y abuelos. Estos son los verdaderos héroes, y éste su homérico viaje.

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